25 de septiembre de 2012

"Platos en la Alcantarilla" - Otro Fragmento

(Esta vez la Introducción de las notas)



CON LA AYUDA DE “El mingitorio” de Duchamp, de las fotografías de Chema Madoz, de Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Homero Simpson, Derren Brown, René Lavand, Jim Steinmeyer y, claro, con conceptos de la Comunicación, trataré de ilustrar y dejar bien en claro el hecho de que todo lo que hacemos, el contexto donde lo hacemos, los objetos que utilizamos, aquello que decimos, los gestos que hacemos y las técnicas que elegimos importan - y mucho- a la hora de diseñar y llevar a la práctica un efecto mágico.

Veremos cómo una palabra, un gesto, una elección mal hecha pueden cambiar por completo el sentido del efecto o, al menos, no estar reforzándolo tanto como podrían. Estaré diciendo, pues, con cierto tono académico, que el ilusionismo es un hecho comunicacional y, por lo tanto, un proceso de producción de sentido donde todos los elementos discursivos (objetos, contexto, palabras, etc.) juegan un papel fundamental en la construcción y el reconocimiento del sentido. En términos más prácticos, estaré diciendo que para el forzaje clásico, por ejemplo, conviene decir “tomar una carta” y no “escoger una carta” ya que -como decía Robert Houdin- “esta última palabra indica una libertad de acción que es necesario evitar”. Estaré además resaltando obviedades (supuestas obviedades) como que si queremos generar la sensación de que adivinamos una carta leyendo la mente, no conviene alardear habilidad practicando florituras, cortes y abanicos. O que por ahí podemos lograr cosas más interesantes cambiando el elemento utilizado (fotografías o billetes en lugar de naipes, por ejemplo). O que si vamos a hablar del tiempo que retrocede quizás no haga falta utilizar un reloj. Podría ser la hoja seca de un árbol.

Una hoja seca o un reloj, el forzaje clásico o el corte en cruz, decir “experimento” o “truco”. De esto trata todo esto. De pensar y hablar sobre los elementos que construyen el sentido en un efecto de magia y al hacerlo, de reconocer la gran riqueza expresiva y la capacidad poética que posee. Y sobretodo de lo imprescindible que es tomar esas decisiones discursivas para alcanzar una propia voz.

Un estilo.  

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