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2 de junio de 2011

Steinmeyer sobre mi "Carta y Hombre"

Soy un gran, gran admirador de Jim Steinmeyer. No tengo dudas que es una de las personalidades más importantes de la magia del siglo XX y creador de los que serán los clásicos de las grandes ilusiones. Además, uno de los principales autores (y uno de mis preferidos), investigador, historiador, coleccionista y creador de charlas y efectos de salón que bien podrían consolidarse como el nuevo Tarbell Course. Por si fuera poco, tiene una visión 'teórica' de la magia alucinante y que se percibe en sus creaciones y asesoramientos.

Por eso, el día que lo conocí y pude pasar un tiempo con el fue uno de los mejores momentos mágicos que recuerdo.


Cuando estábamos armando el DVD sobre mi Carta y Número, le pedí si podía escribir unas palabras sabiendo que le había gustado. Lo hizo y mi emoción fue y es muy grande.


“One of the memorable magic highlights from my visit to Argentina was watching Roberto Mansilla pick up a deck of cards and effortlessly, elegantly, perform Any Card at Any Number. And another highlight was when he explained his ingenious, elegant solution.

No doubt, this is the version that you’ll add to your repertoire. Completely impossible for the audience. Perfectly practical for the magician.” —Jim Steinmeyer



9 de febrero de 2011

Jim Steinmeyer sobre Thurston

Cuando estuvimos con él, acababa de enviar el manuscrito a imprenta. La primera noche se nos pasó escuchándolo hablar sobre Thurston, Houdini y Fu Manchú. A su regreso a Estados Unidos, nos envió a todos la introducción del libro.

Ya está en la calle "The Last Greatest Magician in the World - Howard Thurston vs Houdini and the battles of american wizards", de Jim Steinmeyer.

(www.linkingpage.com)

10 de diciembre de 2010

Five in focus

"De vez en cuando -dice Jim Steinmeyer en su sitio-, me piden alguna contribución para un website o algún artículo. Algunos son inesperadamente divertidos de hacer. Por ejemplo, el año pasado me preguntaron acerca de mis cinco películas preferidas para un site llamado "Five in Focus".

En ese sitio podemos ver, entonces, los gustos cinéfilos de éste grande y enterarnos que "City of the Light" de Chaplin es uno de sus films predilectos y que la persona que se lo recomendó fue un tal Orson Welles

Aquí la lista completa


26 de junio de 2010

¿Y me preguntas si era buen mago?...

"Los vi y trabajé con ellos varias veces, pero sólo he hablado en profundidad dos o tres veces" nos dijo Jim Steinmeyer en Mendoza. "Particularmente recuerdo una charla que tuvimos en el camarín luego de la función en el Mirage. Quería saber qué opinaban de Kalanag, que para mí siempre había sido alguien de poco carisma, una especie de tío regordete que hacía magia".

Siegfried (de Siegfried and Roy, claro) le respondió entonces.

(Click en la foto para ver video de Kalanag)

-"Te voy a contar algo. Cuando era chico, Alemania estaba devastada por la guerra. El frío era insoportable y el abrigo escaseaba. Era impensable tener, por ejemplo, un tapado de piel. Ni aún teniendo el dinero era posible comprarlo, no existía. Los autos se contaban con los dedos de la mano y para tomar un helado yo tenía que trabajar y juntar monedas.
En ese contexto llega Kalanag a mi ciudad. Su mujer se paseaba con un tapado de piel de diva, al escenario subía un flamante auto 0km que hacía desaparecer y, en uno de sus efectos más memorables, hacía aparecer helados que regalaba a los chicos de la platea.

¿Y me preguntas si era buen mago?"

15 de junio de 2010

PT Selbit - Libro y Mujer Serruchada

Fue de muy grata lectura el libro de Peter Warlock y Eric Lewis “P.T.Selbit – Magical Innovator”. En él se describe la vida de Selbit haciendo hincapié en todos sus grandes inventos que, de una manera u otra, han marcado un antes y un después en la historia de las grandes ilusiones. Es sorprendente ver cuántos efectos que todavía siguen realizándose fueron inventados por él pero, sobretodo, advertir que fue a partir de él que se transformó en cliché victimizar a las asistentes. Todo esto comenzó con “Sawing Through a Woman”, es decir “Cortando a Través de una Mujer” (aunque según hemos visto antes, ya Walter Jeans había preparado el efecto ”The Death of Cora” en el que se sometía a una asistente a una cama con púas en una estructura suspendida sobre ella).

Es importante remarcar que este no es el efecto en donde se corta y se divide a la mujer en dos. En realidad, Selbit presentaba el efecto como “Sólido a Través de Sólido”. Su asistente entraba a escena y la colocaban dentro de una caja. Inmediatamente un comité de espectadores revisaba una serie de cuerdas que ataban a sus tobillos y muñecas y que hacían pasar por unas perforaciones que tenía la caja para tal fin. A continuación, los ayudantes cerraban la caja y los espectadores tiraban de las cuerdas manteniendo firme a la mujer dentro de ella.

Selbit, tomaba una plancha de acero y recalcando el tema del ‘sólido a través de sólido’, la atravesaba de arriba abajo por el centro de la caja. Inmediatamente tomaba otras dos planchas y atravesaba del mismo modo sendos extremos de la caja. A continuación, tomaba dos planchas más y las introducía por los laterales: una a la altura del cuello y la otra a la altura de las rodillas. Haciendo gala de la proeza, Selbit acentuaba el efecto aclarando en cuántas partes había sido dividido el cuerpo utilizando, para ello, una cajita de madera del tamaño de una de cigarros y colocándola encima de cada sección.

Para el final, el gran climax. Un asistente traía un serrucho de ‘dos manos’ y con la ayuda de Selbit comenzaban a cortar por el centro de la caja. Ésta no era de cartón ni de madera balsa, sino de duro pino, con lo que el sonido del serrucho cortando era estremecedor. La conmoción aumentaba cuanto más cerca estaba la hoja del cuerpo de la asistente; el serrucho bajaba y bajaba hasta que completamente cortaba la caja. Los espectadores seguían sosteniendo la soga haciéndose evidente que Jan seguía allí y, de alguna manera, sintiéndose parte del atentado.

De inmediato, los ayudantes quitaban las cuchillas de metal y, de a poco, desplazaban las mitades de la caja para comprobar que Jan estaba intacta.

Fue Horace Goldin quien, habiéndose enterado del éxito de Selbit con este efecto, se apresuró a crear su versión para que cuando el mago inglés viniera a América ya no fuera una sorpresa serruchar a una mujer. Goldin logró su cometido y desarrolló su versión “Sawing a Woman in Halves”, es decir “Cortando una mujer en Mitades”. Aquí sí, la mujer era serrada y dividida en dos para luego ser reconstruida. Ya no era un efecto de ‘sólido a través de sólido’ sino de ‘corte y restauración’ con toda la carga simbólica que suponía estar cortando a una mujer.

Alan Wakeling desarrolló una versión de la serruchada más acorde con la versión de Selbit (descrita en “The Magic of Alan Wakeling” de Jim Steinmeyer). Quienes más famosa la hicieron fueron los americanos Mark Kalin and Jinger. En esta versión la mujer es también atada y sostenida por los espectadores, un detalle que a mi parecer refuerza muchísimo el efecto. Lo que si creo que se ha perdido es la fuerza que suponía oír el serrucho cortando la madera ya que, en la mayoría de las presentaciones actuales, se divide a la mujer atravesándola con las planchas metálicas y se lo hace sin reforzar suficientemente el drama, como si fuera cosas de todos los días.

Volviendo al libro debo decir que es, como los otros que he leído de estos autores, un volumen con información de primera mano (ambos vieron trabajar a Selbit por ejemplo) y no muy difundida lo que lo hace verdaderamente valioso. Sin embargo, la concentración en la información y la escasez de anécdotas, así como la prosa elegida, hacen desear un poco más de colorido en la obra.





6 de mayo de 2010

La sensación de encontrarse con un grande

El 24 me despertaba con emoción. Era Diciembre y a la noche llegaba Papá Noel. A la mañana las cosquillas en el estómago y la felicidad de la espera. A la tarde alguna distracción: la pileta, jugar con los primos, andar por ahí y la alegría intermitente del recuerdo.

Mi mamá preparando todo, los familiares que quizás ya habían llegado, el calor arrogante de Pehuajó, el “que no se corte el agua por favor que siempre que viene gente pasa lo mismo”, alguien planchando la ropa, “vayan a bañarse que somos muchos”, “¿vos que le pediste a Papá Noel?” y “ayúdenme a poner la mesa”.

“Falta una horaaa”. “Traigamos la sidra ahora, dale!”. “Vengan chicos, vamos a ver el arbolito grande de luces, acá a la vuelta!”.”… “10, 9, 8….” Petardos. …. El pip, pip, piiiiiiiip de la radio y ! Feliz Navidad!...¡Feliz Navidad!

Ahora tengo 30 y díganme lo que quieran. Digan que soy un exagerado, un boludo, lo que les dé la gana. Pero ese día, esa mañana del 22 de abril el despertarme en Mendoza y ese “en 10 minutos llega” del mismo día a la noche, me hicieron revivir la emoción del 24 a la mañana y del 24 a la noche de los diciembres de Pehuajó.

Estaba llegando Jim Steinmeyer.

Seré un tonto, seré un “zagerado”, pero ese hombre que venía es una de las personalidades más importantes de la magia de escena, un creador y autor maravilloso y esos por los que uno dice: “Mi Dios, si llego a conocerlo!”. Para mí estaba en otro planeta.

Pero ahora estaba allí, bajando del auto, en una noche iluminada por estrellas, por un camino con velas y por los dos faroles del auto, y nosotros sonriendo, con una copa de champagne en la mano y aplaudiéndolos. A él y a su mujer.

Ellos saludaban sin saber mucho que decir, todos, en realidad, estabamos en esa situación medio incómoda de “qué le decimos ahora, qué querra hacer”. Sabíamos que sus maletas habían quedado en Dallas y que se las traerían el día siguiente a la noche. Por eso, cuando Frankie, su mujer, dijo: “Alguno por casualidad vió dos maletas”, todos nos reímos y supimos que empezaba la fiesta.

Empezaba Navidad.




27 de abril de 2010

Recién llegado

Acabo de llegar del Teatro Lola Membrives donde se realizó el show que venía anunciando. La verdad es que todo salió genial, el teatro estaba lleno (800 personas por lo menos) y tuvimos la presencia de un espectador de lujo: Jim Steinemeyer.

Actuamos: Uno y Medio; Walter Valle; Alex Nebur; Greco; Emmanuel, Michel, Juan Pablo Ibañez y un servidor. La verdad que la acogida fue muy buena, los números salieron muy bien todos, el show en general fue muy armónico y efectivo. Para todos los gustos: Manipulación, Mentalismo, Ventriloquía, Magia de Salón, Grandes Ilusiones. Todo, muy bien hecho. Un placer inmenso.

Al finalizar todo, en backstage, la gente de la Fundación Pescar nos entregó un regalito y se mostró muy contenta por la recaudación obtenida.

Gracias a todos los que fueron!
En cuanto tenga fotos las pondré...
Hasta prontito...

26 de abril de 2010

I'm back


Volví.
Esas minivacaciones que dije me iba tomar fueron exhaustas. Felices y gozosamente exhaustas y valieron taaanto la pena. ¿Saben por qué?. Porque durante estos últimos cuatro días estuve, con un grupo de amigos, en una finca de Mendoza reunido nada mas y nada menos que con Jim Steinmeyer. Que mala vida, no?

Si, estuvimos con el creador de los efectos que serán los clásicos de la magia de escena dentro de poco tiempo. Me refiero al creador de, por ejemplo, Origami, Pole Levitation, Interlude, Osmosis, el Ascensor y la Desaparición de la Estatua de la Libertad. Uno de mis autores preferidos , una de las mentes mas importantes del siglo referidas a la magia, historiador exquisito y una persona de extrema humildad, claridad, y gusto por lo que hace.

Las verdad es que ahora estoy muy cansado como para ir procesando la información y transmitirla (hace pocas horas que llegué) pero les juro que les iré contando en lo sucesivo. Incluso (es que fue todo tan cercano) todavía les debo información sobre los Fat Brothers, el show, las comidas y las charlas.

Me desperezo un poco y vuelvo.
Gracias...

29 de marzo de 2010

Jim Steinmeyer y La Mujer Serruchada


Jim Steinmeyer es, para mí, una de las mentes fundamentales del ilusionismo de la segunda mitad del siglo XX. Creador de efectos inolvidables (La Desaparición de la Estatua de la Libertad), neo clásicos (Origami, Interlude, Modern Art, The Elevator, Pole Levitation, etc, etc, etc), charlas maravillosas; historiador, coleccionista, asesor de los más grandes (Doug Henning, Copperfield, Siegrfied and Roy, Lance Burton, Ricky Jay, Kalin and Jinger y taaantos otros), en definitiva una de las personalidades del ilusionismo más influyente en la magia de escena. Es, además, autor de libros maravillosos, de esos que dan ganas de no mencionarlos en voz alta para que queden sólo para uno.

Es tanto lo que tengo para decir de él que, la verdad, no sé por dónde empezar. Y quiero hacerlo. Así que empezaré plagiándome y mencionaré, apenas, uno de los ensayos publicados en uno de sus tantos trabajos.

Se trata de "Above and Beneath the Saw" publicado en "Art and Artifice". Sin dudas, el libro que me hubiese gustado escribir a mí: ideas claras, erudición puesta al servicio de la tesis, punto de vista original, pasión, prosa precisa, originalidad. Algo que se repite en otros textos suyos como por ejemplo en su último libro, "Technique and Understanding", dónde en un ensayo se refiere a cinco ideas inacabadas, mal resueltas, de cinco grandes de la historia de la creación: Charles Morrit, Robert Harbin, David Devant, Guy Jarret, Alan Walkeling. Se mete con esas ideas inconclusas porque entiende que es allí, en la imperfección, en dónde uno puede entender el proceso creativo de estas personas. Podrá reconocer sus obsesiones, su forma de empezar, sus modos de resolver problemas, su búsqueda. El análisis de una obra perfecta, sostiene Steinmeyer, nos permite descubrir menos del autor que una imperfecta.

Lo que quiero decir de "Above and Beneath the Saw", ya lo he dicho en algún Profonde, y es por eso que dije que me plagiaría. Espero, de cualquier manera, que les despierte el interés:

Selbit y "Sawing Throug a Woman"

"Above and Beneath the Saw" de Steinmeyer es, creo, el primer ensayo en donde se pone en contexto la creación del famoso efecto de "La Mujer Serruchada". A mi entender, la historia de la magia carece de este tipo de contextualización que ayuda a entender más y mejor el movimiento, desarrollo, evolución y significación de la magia. Estamos muy acostumbrados a una historia de fechas y nombres y no tanto a una que ubique al ilusionismo dentro del mundo y la cultura (como pedía, por ejemplo, Arturo Ascanio: "Hay que dignificar la magia; es preciso colocarla en el lugar que le corresponde, y para ello hay que conectarla con la cultura destacando su valor intelectual y artístico”). Leer “Above and Beneath the Saw” ha sido una delicia, un estímulo y una ratificación de la importancia de la obra de este autor para el crecimiento intelectual y artístico de nuestra disciplina tan amada.

En concreto, Steinmeyer pone de manifiesto los principales aspectos históricos que se vinculan al nacimiento del efecto de P.T Selbit y a su impacto tan profundo. Según él, la clave para entender esta repercusión se encuentra en dos cuestiones básicas: haberlo hecho con una mujer y haberlo hecho en los años veinte. Sucede que durante el tiempo anterior a “Sawing Through a Woman” (1921), la Mujer había obtenido una presencia política y cultural muy fuerte a través de las reiteradas y violentas luchas por la igualdad de sexos (simbolizadas por la búsqueda del voto femenino) y luego por la Primer Guerra Mundial durante la cual las mujeres empezaron a cubrir los puestos que antes ocupaban los hombres consolidándose entonces como fundamentales para el desarrollo de sus países.

Asimismo, Steinmeyer analiza el contexto artístico de la época y pone de manifiesto las escenas tan famosas de los melodramas teatrales en los que el muchacho salva a la muchacha antes de que el tren le pase por encima (escena en la que originalmente la mujer era la heroína, es decir la que rescataba al joven) y también al explícitamente macabro Teatro del Grand Guignol que por esos años ya estaba bien consolidado en Francia y comenzaba a establecerse en Inglaterra. Concluye Steinmeyer.

Con Sawing Through a Woman el ilusionista inglés P.T.Selbit presentó el producto perfecto para una década que sería recordada como impulsiva, agresiva y estremecedora. Con esta ilusión, Selbit provocó un quiebre claro en la Edad de Oro de la Magia -definida por los Maskelyne desde 1870- y, en un lógico pero significante paso, cambió el desarrollo de la magia escénica.

Existe una versión económica de "Art and Artifice" aquí

12 de marzo de 2010

"Por eso nos alarman"

En un post anterior hablamos del ilusionismo, del "Reminding not deceiving", es decir, del poder que tendría un efecto mágico de recordarnos lo poco que sabemos del universo, de lo asombroso que es, de lo chiquitos que somos.
Volví a pensar en esto cuando me topé con unos versos de Borges. En ellos, sugiere que, en cierta forma, los espejos serían un invento de Dios para recordarnos que somos imágenes, pensamientos o sueños o, lo que es peor, recuerdos de un Dios. Y además, de la ingenuidad de creernos seres y creernos autónomos.


"Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman"
"Los Espejos", El Hacedor


5 de marzo de 2010

"Escondiendo al Elefante"

Hablemos de libros.
"Hiding the Elephant" de Jim Steinmeyer.

El libro tiene como excusa la investigación sobre el modo en que Harry Houdini hizo desaparecer un elefante en el Hipódromo de Nueva York en 1918. Digo excusa porque a través de ello Steinmeyer cuenta, tal como versa su excelente subtítulo, ‘cómo los magos inventaron lo imposible y aprendieron a desaparecer’. Es más, por lo que queda claro desde el comienzo, la desaparición propiamente dicha no fue nada impactante, aunque sirvió, eso sí, para los fines publicitarios de Houdini y para que quede ratificado su deseo eterno de ser un gran mago.

Durante las 350 páginas, Steinmeyer logra demostrar una erudición procesada (esa que no culmina en la acumulación de datos) y desarrolla, especialmente, la evolución de los artilugios ópticos en la magia: del vidrio de las fantasmagorías hasta los espejos de “La Esfinge” y “The Proteus Cabinet” y los avances de Charles Morritt que desembocaron en la desaparición del elefante pero antes en la de un burro (todo lo cual, por cierto, ya había sido reseñado en “Art and Artífice”). También se cuenta –siempre con la atrapante narración y excelente estructuración que acompaña todo el libro- la historia de los Hermanos Davenport y su Cabina Espiritista y de cómo ella contribuyó, en gran medida, al desarrollo de la magia escénica, sobretodo de la mano de John N. Maskelyne.


Es un libro destinado, afortunadamente, al público profano, a pesar que se descubran algunos secretos. No obstante, esa exposición es necesaria e irreprochable. “Mi experiencia me dice que la historia de los magos solo puede ser entendida cuando se entiende su arte. Y los secretos impresionan únicamente si entiendes y conoces a las personas responsables, el drama que esconden, y la historia que los rodea. (...) He intentado ponerlos en contexto (a los secretos), señalando por qué razón esos principios fueron y son tan significantes para la magia y cómo evolucionaron y de qué manera, también, fueron muchas veces subestimados u olvidados completamente”. Así justifica Steinmeyer la exposición y hay que decir que alcanza su objetivo de un modo sorprendente y atrayente. Nos introduce en un maravilloso panorama de la historia de la magia, logrando que veamos y vivamos a los grandes del pasado (Daevid Devant, Thurston, Houdini, Maskelyne, Selbit especialmente) pero también a los olvidados (Morritt, Jarret, Tobin, Pepper, Stodare y otros).

A lo largo de los capítulos, Steinmeyer deja entrever también su visión tan profesional y artística de la Magia. Así es que nos habla de la función ‘recordatoria’ del ilusionismo (‘Reminding not Deceiving’, ver Profonde Nº 5); de la necesidad que el plot o argumento predomine en la ilusión y sea claro; que el método se adapte al efecto y no viceversa; de lo sencillo que pueden ser los secretos mecánicos y científicos y, por lo tanto, de lo importante que es la perfomance y el conjunto (dice por allí: ”No son solamente los trucos que lo hacen asombrosos, sino la personalidad, la presentación y la psicología, las miles de cuidadosas elecciones que rodean cualquier ilusión y la intrincadas sutilezas que envuelven cada actuación. Estos son los toques que pueden elevar a la magia como un arte”). A lo largo del libro, Steinmeyer insiste en qué el efecto es un ‘pequeño drama’ (en estructura pero también en que debe generar una experiencia única), discute al pasar algunas cuestiones de la construcción de la credibilidad, y otras tantas ideas que se encuentran en sus otros tantos escritos. Es más, este volumen puede considerarse como un excelente resumen de sus diferentes libros y, por lo tanto, de sus diferentes preocupaciones ‘teóricas’, investigativas, históricas y biográficas.
Lo recomiendo fervientemente.

9 de febrero de 2010

Donde lo cotidiano se vuelve maravilloso

Jim Steinmeyer, tiene un texto maravilloso que se llama "Reminding not deceiving", es decir, "Recordar, no engañar". Esa, según él, es una de las funciones de la magia: despertar al público, hacerle dar cuenta de las cosas maravillosas que nos rodean, hacerle recuperar 'la capacidad de asombro' como reza también ese otro genio, René Lavand.

Relacionado a esto, John Carney me dijo alguna vez:

“...después de eso, el propósito de la magia puede ser sorprender y sacar a la gente de su actitud complaciente. Tomamos demasiadas cosas por garantidas. No nos ponemos a pensar cómo los teléfonos, la televisión satelital o los aeroplanos funcionan, simplemente lo aceptamos. Dejamos de asombrarnos. Especialmente en una sociedad donde las cosas cambian todo el tiempo. Como dijo el autor Alvin Toffler, “al tiempo que la tecnología avanza, nos acelera”. No podemos detenernos y tratar de entender las cosas, de modo que, como una actitud de autodefensa, hacemos como si entendiéramos todo o, al menos, aceptamos todo en su manera más rudimentaria.

La magia bien hecha hace que la gente se detenga y se dé cuenta. Aún si es algo tan simple como transformar una carta por otra”.

Borges, por su parte, anotó que: “Joseph Conrad pudo escribir que excluía de su obra lo sobrenatural, porque admitirlo parecía negar que lo cotidiano fuera maravilloso”

En cierta forma, el arte de combinar hechos cotidianos y generar algo nuevo, la pericia de transformar lo cotidiano en maravilloso es, también, el arte de la poesía. Como siempre digo, se puede decir: "Los gauchos no creían en Dios, eran valientes y así fue y será siempre" o se puede decir "Dios les quedaba lejos/profesaron la antigua fé del hierro y del coraje/que no comprende súplicas ni gajes/por esa fé murieron y mataron".

Tenemos entonces, una vez más, un vínculo que une a ilusionistas con poetas. Ayudamos a que el público recuerde la fuerza del asombro, que entienda que lo cotidiano puede ser maravilloso. Que quizás sólo haya que mirarlo de un punto de vista diferente o, simplemente, prestarle atención.



OLIVERIO GIRONDO, describe con humilde belleza algo tan común e inevitable como la noche. Lo hace en "Nocturno" un poema que se encuentra en "Veinte Poemas para ser leídos en un tranvía".

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.

¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?

Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.

A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.

Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.

Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.